Votar por mercaderes, es condenarse al abandono

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Sin anestesia

Por: Cristian Londoño, Contador público, magister en finanzas, líder del movimiento Cívico, social y político Sabaneta coherente.

 

Si los ciudadanos siguen confiando su voto a quienes convirtieron la política en un negocio, no hay misterio alguno sobre el resultado: sus territorios seguirán igual o peor. Así de sencillo. No es mala suerte, no es el destino, no es culpa del gobierno nacional ni de la oposición de turno. Es una consecuencia directa de votar mal… o de vender el voto.

En muchos barrios y corregimientos se repite el mismo libreto: aparecen personajes que se autoproclaman “líderes sociales”, no por su trabajo comunitario ni por su coherencia, sino por su habilidad para negociar apoyos. Estos supuestos líderes no respaldan ideas ni proyectos, respaldan candidatos cuestionados a cambio de favores, contratos o plata. El territorio no importa; importa el negocio.

Y cuando ese candidato llega al poder, ocurre lo previsible: considera la deuda saldada. El líder ya cobró por adelantado, así que no hay ninguna obligación moral ni política con la comunidad. El barrio, la vereda o el municipio quedan relegados al olvido. No hay inversión real, no hay desarrollo, no hay soluciones estructurales. Solo promesas recicladas para la próxima campaña.

Lo más grave es que los recursos sí llegan. Hay presupuestos, contratos y planes. El problema es que no terminan en obras ni en bienestar colectivo, sino en los bolsillos de unos pocos que ven la política como una empresa privada y al Estado como una caja menor. Mientras tanto, la gente sigue esperando lo básico: vías, seguridad, empleo, educación, dignidad.

Aquí no hay ingenuidad posible. Cada voto entregado a un mercader de la política es una renuncia anticipada al progreso. Cada vez que se normaliza el “eso es lo que hay” o el “roba, pero hace”, se condena al territorio a seguir siendo moneda de cambio.

La política no fracasa sola: la fracasan cuando la ciudadanía delega su poder en intermediarios corruptos y acepta que otros decidan por ella a cambio de migajas. O recuperamos el voto como un acto de dignidad y responsabilidad, o seguiremos eligiendo a quienes se enriquecen con la miseria ajena.

Sin anestesia: los territorios no están abandonados por falta de recursos, están secuestrados por quienes hicieron de la política su negocio. Y eso solo cambia cuando la gente deja de votar por mercaderes y empieza a elegir servidores.

 

 

 

 

Sin anestesia es un espacio de opinión personal e independiente. Las ideas aquí expresadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la posición de Lado B.


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