Soberanía alimentaria en Colombia: alerta por importaciones
Cultivo de maíz en una zona agrícola de Colombia durante temporada de cosecha.
La soberanía alimentaria en Colombia volvió al centro del debate tras un análisis presentado por la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), que evidenció una creciente dependencia de importaciones de granos básicos en el país.
El informe, divulgado el 3 de marzo de 2026, analizó el comportamiento de cultivos como maíz, fríjol y soya entre 2012 y el primer semestre de 2025. Los datos mostraron una disminución en la participación de la producción nacional frente al aumento de la demanda interna.
De acuerdo con Fenalce, Colombia consume alrededor de 260 millones de sacos de cereales, leguminosas y soya cada año. De ese volumen, cerca del 85 % proviene del exterior, mientras que la producción nacional cubre aproximadamente el 15 %.
La federación explicó que la tendencia refleja un escenario en el que el consumo continúa creciendo mientras las áreas de siembra y la producción de granos presentan una reducción gradual en diferentes regiones del país.
Más información sobre economía y sector agropecuario puede consultarse en la sección correspondiente de LadoB.
Soberanía alimentaria en Colombia y caída del maíz nacional
Uno de los casos analizados por Fenalce fue el del maíz, un grano fundamental para la alimentación humana y la producción de alimentos balanceados.
En 2012, el maíz amarillo nacional representó el 25 % de la demanda interna y el maíz blanco alcanzó el 93 %. En ese momento, las importaciones ya superaban los 3,2 millones de toneladas de maíz amarillo.
Con el paso de los años, la participación nacional disminuyó. Para 2015, el maíz amarillo nacional representó el 15 % del consumo y el maíz blanco el 66 %, mientras la demanda continuó creciendo.
Cinco años después, en 2020, la demanda de maíz amarillo alcanzó 6,65 millones de toneladas. Sin embargo, la participación nacional se redujo a 14 % en maíz amarillo y 50 % en maíz blanco.
El informe indicó que en el primer semestre de 2025 la participación del maíz amarillo nacional fue del 7 % y la del maíz blanco del 47 %. Según Fenalce, varios factores influyeron en esta tendencia.
Entre los elementos mencionados por la federación se encuentran:
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Reducción progresiva de aranceles en el comercio internacional.
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Crecimiento del sector de alimentos balanceados.
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Condiciones climáticas adversas en zonas productoras.
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Variaciones en el tipo de cambio y precios internacionales.
Según cifras del gremio, la demanda total de maíz en 2024 alcanzó 8,38 millones de toneladas. De ese volumen, el 81,4 % fue importado y el 18,6 % correspondió a producción nacional.
Datos estimados para 2025 indicaron una demanda cercana a 8,99 millones de toneladas, con importaciones equivalentes al 85,3 % del total.
Información adicional sobre estadísticas agrícolas puede consultarse en el portal del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Colombia: https://www.minagricultura.gov.co.
Fríjol e importaciones en aumento
El análisis también incluyó el comportamiento del fríjol en el mercado colombiano. En 2012, la demanda alcanzó 184.770 toneladas, con un consumo per cápita de 4,16 kilogramos.
En ese momento, la producción nacional abasteció el 77 % del consumo, mientras que las importaciones representaron el 23 % restante.
Durante varios años, el fríjol nacional mantuvo una participación superior al 75 % del mercado. Sin embargo, esta relación cambió progresivamente a partir de 2022.
Ese año, las importaciones alcanzaron el 32 % del consumo nacional, porcentaje que se mantuvo hasta 2024. Para el primer semestre de 2025, el panorama se modificó nuevamente.
Las cifras indicaron que el fríjol importado representó el 67 % del consumo nacional, mientras que el producto cultivado en Colombia cubrió el 33 %.
Fenalce señaló que la reducción en la producción interna influyó en el aumento de la participación del producto importado dentro del mercado.
Según el gremio, la competitividad agrícola se ha visto afectada por factores como altos costos de producción y baja adopción de prácticas agrícolas tecnificadas.
Entre las prácticas que la federación promueve para mejorar la productividad se encuentran:
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Rotación de cultivos
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Estudio de suelos
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Agricultura de precisión
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Siembra directa sin labranza
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Cultivos asociados
Producción de soya y propuestas del sector agrícola
El informe también analizó la evolución de la soya, cultivo que mostró un comportamiento distinto frente a otros granos.
En 2012, la demanda de soya en grano fue de 365.626 toneladas, de las cuales el 24 % correspondió a producción nacional.
Con el paso del tiempo, la producción local aumentó. Para 2024, la demanda de soya alcanzó 678.996 toneladas y el grano nacional cubrió el 35 % del consumo.
Sin embargo, las estimaciones para 2025 indicaron una demanda de 796.621 toneladas, con una participación nacional cercana al 30 %.
Cuando se analiza la demanda total de soya, que incluye productos derivados utilizados por la industria, la participación nacional sigue siendo limitada.
En 2024, la demanda total alcanzó 2,95 millones de toneladas y el 92 % del volumen fue importado. Las proyecciones para 2025 situaron la participación nacional en 7,2 %.
Frente a este panorama, el gerente general de Fenalce, Arnulfo Trujillo Díaz, planteó la necesidad de revisar la legislación agropecuaria y fortalecer los instrumentos de apoyo al sector.
“Se debe analizar la ley actual del sector agropecuario. Necesitamos una norma que respalde la producción nacional y permita desarrollar instrumentos como créditos oportunos, seguros de cosecha e infraestructura de almacenamiento”, señaló.
El dirigente también propuso acuerdos con la industria para incentivar la compra de granos producidos en el país y promover contratos de suministro entre agricultores y empresas.
Fenalce indicó que actualmente participa en mesas de diálogo con representantes de la industria y entidades públicas para analizar mecanismos que fortalezcan la producción nacional.
Entre las propuestas presentadas por el gremio se encuentran iniciativas como la creación de un sello de abastecimiento nacional, planes de inversión en infraestructura de secado y almacenamiento, y acuerdos de comercialización para granos cultivados en Colombia.