El sistema eléctrico entra en zona de riesgo: señales que el país no está leyendo a tiempo
El sistema eléctrico colombiano vuelve a encender alarmas. Pero esta vez no se trata de una discusión técnica más ni de advertencias aisladas del sector. La señal viene del propio Consejo Nacional de Operación (CNO), el organismo encargado de garantizar la estabilidad del sistema. Y lo que advierte es inquietante.
En una comunicación al Ministerio de Minas y Energía, el CNO señala que el sistema enfrenta una combinación de factores —regulatorios, climáticos, operativos y estructurales— que, en conjunto, están comprometiendo su capacidad de responder de manera segura a la demanda. No es un problema puntual. Es una señal de estrés sistémico.
Uno de los puntos más sensibles tiene que ver con nuevas decisiones sobre el manejo de embalses. Según el organismo, estas medidas se estarían adoptando sin una evaluación técnica integral, lo que podría traducirse en restricciones a la energía firme disponible. En términos simples: el país podría estar reduciendo su capacidad de generación justo cuando más la necesita.
A esto se suma una realidad técnica que ya empieza a asomarse. El sistema presenta señales de desbalance, lo que implica que, bajo ciertos escenarios, la oferta de energía podría no ser suficiente para cubrir la demanda. La respuesta sería aumentar la generación térmica, una alternativa más costosa y dependiente de condiciones externas cada vez más volátiles .
El margen de maniobra se reduce.
El clima tampoco da tregua. Colombia atraviesa una temporada de lluvias intensas que pone presión sobre la infraestructura, mientras los modelos anticipan la posible llegada de un fenómeno de El Niño en los próximos meses, con el consecuente impacto sobre la generación hidroeléctrica .
A este escenario se suma un problema estructural que el país no ha logrado resolver: el rezago en la expansión de la infraestructura. Proyectos clave están atrasados, la red muestra señales de saturación y la capacidad de transporte empieza a ser un cuello de botella. En otras palabras, incluso si hay nueva energía, no necesariamente habrá cómo llevarla.
Y mientras tanto, algunos riesgos ya dejaron de ser teóricos. Bloqueos, problemas de orden público y restricciones operativas están afectando el funcionamiento de centrales en distintas regiones del país.
El problema no es uno solo. Es la convergencia de todos.
Un sistema con presión climática, déficit potencial, infraestructura rezagada y decisiones regulatorias desalineadas necesita coordinación técnica. Pero eso es precisamente lo que hoy está en duda.
Colombia ya vivió las consecuencias de ignorar estas señales. El apagón de los años noventa no fue un accidente, fue el resultado de un sistema que no reaccionó a tiempo. Hoy, la advertencia está hecha. No desde la política, sino desde la operación.