El carbón retoma protagonismo en el sistema eléctrico: el respaldo clave ante el riesgo de el niño en Colombia

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Fénomeno de El Niño

Mientras los embalses se encuentran actualmente por debajo del nivel ideal para enfrentar un verano prolongado, expertos advierten sobre un déficit de energía firme en los próximos años.

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La inminencia del fenómeno de El Niño en el segundo  semestre del año está reconfigurando el debate energético en Colombia. En un sistema  altamente dependiente del agua, y en donde los proyectos solares actualmente activos solo  permiten tener energía durante el día, el carbón vuelve a posicionarse como un activo  estratégico para garantizar la continuidad del suministro eléctrico y evitar escenarios de  desabastecimiento. 

El carbón en Colombia: un recurso estratégico subutilizado y menospreciado 

Colombia es uno de los principales productores de carbón en el mundo. En los últimos años,  el país ha producido entre 50 y 70 millones de toneladas anuales, destinando más del 85%  a exportaciones, principalmente hacia Europa y Asia, de acuerdo con datos de la Agencia  Nacional de Minería y el Ministerio de Minas y Energía. 

Además de su importancia para la confiabilidad energética, el carbón continúa siendo uno  de los principales productos de exportación del país y una fuente relevante de ingresos  fiscales, regalías (un 80% de las regalías mineras provienen del carbón), y empleo (al  menos 650 mil empleos son generados por esta industria) en varias regiones. Esto  convierte la discusión sobre su futuro no solo en un debate energético, sino también  económico y social. 

A nivel interno, el carbón tiene una participación relativamente baja pero no menos  importante en la generación eléctrica, concentrada en algunas plantas térmicas clave, lo  que lo convierte en un activo relevante para la sostenibilidad del sistema energético,  especialmente en tiempos de crisis.  

Según cifras de ANDEG, las plantas térmicas a carbón generan cerca de 1.653MW de la  capacidad instalada, y pueden producir hasta 37 GWh diarios, lo que equivale a cubrir  aproximadamente unos 6.6 millones de usuarios, es decir, casi para atender el tamaño de  una ciudad como Bogotá. 

Este contraste —abundancia de recurso y bajo uso doméstico— cobra relevancia en un  contexto de riesgo energético. El carbón ofrece ventajas estructurales frente a otras fuentes: 

  • Es un recurso disponible localmente, con cadenas logísticas consolidadas. • Permite generación continua y predecible, independiente de las condiciones  climáticas. 
  • Tiene capacidad para operar de forma sostenida durante períodos prolongados de  alta demanda o baja hidrología. 

A pesar de las cifras y de la relevancia que tiene este mineral para la economía del país, el  sector carbonífero colombiano ha enfrentado durante este Gobierno una combinación de  decisiones y señales que han reducido su atractivo y perspectivas de crecimiento. Entre  ellas se destacan el anuncio de no promover nuevos contratos de exploración de  combustibles fósiles, el aumento de la carga tributaria para las empresas mineras a través  de reformas recientes y un discurso oficial que ha cuestionado reiteradamente la  continuidad de actividades extractivas asociadas al carbón.  

Estas medidas han coincidido con un menor apetito de inversión motivado en gran parte  por la falta de confianza y seguridad jurídica, y con una creciente incertidumbre sobre el  futuro de una industria que sigue siendo una de las principales generadoras de  exportaciones, regalías y empleo en varias regiones del país. Hoy, cuando el sistema  eléctrico vuelve a requerir fuentes firmes de respaldo, surge el debate sobre si Colombia  puede permitirse prescindir tan rápidamente de un recurso que continúa siendo estratégico  para su seguridad energética. 

El respaldo térmico: lecciones del pasado 

La historia reciente del sistema eléctrico colombiano confirma el papel fundamental de las  plantas térmicas en momentos de estrés. 

Durante el fenómeno de El Niño 2015-2016, así como en episodios de baja hidrología en  años posteriores, las térmicas —especialmente a carbón y gas— evitaron racionamientos  al suplir la caída de la generación hidráulica, generando cerca del 28% de la energía del  país. De este porcentaje, aproximadamente el 18% fue aportado por plantas térmicas a  carbón. 

Hoy, los modelos del sistema muestran que, en un escenario crítico, la generación térmica  deberá operar de manera intensiva durante semanas, superando los 100 GWh/día. 

En el contexto global el carbón no ha desaparecido 

A nivel internacional, el carbón sigue siendo una de las principales fuentes de generación  eléctrica. Según organismos como la Agencia Internacional de Energía (IEA), Ember y el  Energy Institute: 

  • El carbón representa cerca del 35% de la generación eléctrica mundial. • En China supera el 55% de la matriz eléctrica. 
  • China, India y otros países asiáticos continúan incorporando capacidad de  generación a carbón para fortalecer su seguridad energética.
  • En los últimos años la generación global a carbón ha alcanzado niveles  históricamente altos, impulsada por la volatilidad de los mercados energéticos y las  preocupaciones sobre la confiabilidad del suministro. 

Las recientes tensiones geopolíticas y los desafíos de abastecimiento energético han  llevado a múltiples países a replantear el ritmo de retiro de fuentes convencionales de  generación. En muchos casos, la prioridad inmediata ha sido garantizar la seguridad energética y la estabilidad de los sistemas eléctricos, incluso manteniendo o fortaleciendo  capacidades térmicas existentes. 

Este comportamiento refleja una tendencia clara: en contextos de incertidumbre, los  sistemas eléctricos recurren a fuentes firmes y confiables para garantizar el suministro. 

Carbón: de commodity a seguro energético 

En este contexto, el carbón deja de ser únicamente un producto de exportación para  convertirse en un componente estratégico de seguridad energética. 

Su papel no reemplaza la transición energética; por el contrario, contribuye a hacerla viable.  Sin fuentes firmes de respaldo, el sistema pierde resiliencia frente a eventos extremos como  El Niño y frente a los retrasos que enfrenta la entrada de nuevos proyectos de generación. 

El debate sobre el carbón ya no puede analizarse únicamente desde una perspectiva  ambiental. A nivel global, la discusión energética se ha desplazado hacia un enfoque que  busca equilibrar sostenibilidad, confiabilidad y seguridad energética. La experiencia internacional demuestra que incluso las economías más comprometidas con la transición  energética continúan enfrentando el desafío de garantizar energía disponible cuando las  fuentes variables no son suficientes. 

En un escenario de menor hidrología, mayor demanda y retrasos en proyectos de  expansión, el carbón vuelve a ocupar un lugar central en la discusión energética nacional.  Más allá de los debates sobre transición, la prioridad inmediata para cualquier sistema eléctrico es garantizar que la energía esté disponible cuando se necesita. La experiencia  internacional y las señales del propio sistema colombiano apuntan a una misma conclusión:  la confiabilidad energética seguirá dependiendo, en buena medida, de la capacidad de  contar con fuentes firmes de respaldo capaces de responder en momentos críticos.


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