Jorge Robledo busca volver al Congreso con el control político como bandera y duras críticas al legado del Gobierno Petro
Jorge Robledo, durante su campaña en Sabaneta, Antioquia. Foto de Lado B.
Este domingo 8 de marzo, cuando Colombia elige su nuevo Congreso, Jorge Enrique Robledo vuelve a medirse en las urnas con la mira puesta en una curul al Senado. Su apuesta, de cara al periodo legislativo 2026-2030 que iniciará el 20 de julio, pasa por retomar los debates de control político de fondo como eje de su agenda y por advertir, sin rodeos, sobre el rumbo que a su juicio ha tomado el país bajo el Gobierno Petro.
Por: Guillermo Morán Robledo. (@GuillermoMoran1 en X)
Sabaneta (Antioquia). Tanto detractores como seguidores coinciden en varios aspectos alrededor de la figura de Jorge Enrique Robledo. Su integridad, liderazgo y las luchas sociales, lo han convertido en una de las voces más visibles y firmes de la izquierda reciente del país.
Elegido durante diez años consecutivos como el mejor senador de Colombia, Robledo vuelve a aspirar al Congreso de la República.
Este domingo 8 de marzo buscará una curul en el Senado con el número 10 de la coalición Ahora Colombia, integrada por Nuevo Liberalismo, Dignidad y Compromiso y Mira, para el periodo legislativo 2026-2030, que comenzará el próximo 20 de julio.
El exsenador afirma que su propósito no se reduce a promover leyes en favor del país. También busca revivir los debates de control político de fondo, una herramienta que considera hoy debilitada y que ve como clave para vigilar al poder, ponerle límites al Gobierno y defender la democracia.
Fiel a su estilo, directo y sin rodeos, Jorge Enrique Robledo conversó con Lado B desde Sabaneta, Antioquia, en medio de su correría nacional. Allí habló de sus aspiraciones políticas, de la realidad de una Colombia que observa con preocupación y de un gobierno que, a su juicio, ha hecho las cosas peor de lo que esperaba.
Lado B. ¿Qué balance hace del Congreso actual y si regresa, cuál sería su principal objetivo?
Jorge Enrique Robledo (JER). Cada congresista puede actuar como quiera, pero yo creo que hay algo que no puede faltar en el Congreso, y es el control político al poder. En Colombia hay democracia porque se elige al presidente, pero también porque existe un poder legislativo independiente y un poder judicial igualmente independiente. Cuando veo a Petro forzando las cosas para arrodillar al Congreso o saltándose al poder judicial con maniobras que todo el mundo entiende, pienso que la democracia empieza a cojear.
Por eso, si llego al Congreso, quiero tramitar leyes, claro, pero sobre todo quiero que vuelvan los debates de control político de fondo, en los que un congresista pueda hablar durante una hora, cuestionar al Gobierno y contar con todas las garantías. No puede ser que a los congresistas los quieran convertir en una especie de correveidiles de los ministros y del presidente. Eso niega la democracia. La esencia de la democracia es la separación de poderes, y cuando un presidente pretende someter a la justicia o al Congreso, lo que está haciendo es acercarse a una figura autoritaria.
Cuando uno empieza a mirar con cuidado muchas de las decisiones del actual Gobierno, aparecen errores demasiado graves. Petro ha hecho las cosas peor de lo que yo pensaba.
Lado B. ¿Cómo ve hoy el rumbo del país y el manejo económico del Gobierno Petro?
JER Petro comete un error garrafal, y es que continúa con el mismo modelo neoliberal de los gobiernos anteriores. No está haciendo un esfuerzo serio por crear más riqueza y más empleo de verdad. Y no hablo de conseguir plata para hacer populismo o fomentar burocracia, sino de desarrollar la industria, el agro, la ciencia y la tecnología. En eso prácticamente no hay nada.
Un ejemplo muy claro es el TLC con Estados Unidos. Petro incluyó en su programa de gobierno la renegociación de ese tratado, que le ha hecho un daño inmenso al agro y a la industria colombiana. Pero a los tres días de posesionado puso al ministro de Comercio a decir que ya no lo iban a renegociar. Eso fue un engaño vulgar y grosero. Esa es la prueba de que no le importa la producción nacional. Si uno revisa sus proyectos, casi todos han sido de repartición de riqueza, no de creación de riqueza.
Lado B. ¿Qué está pasando, a su juicio, con el agro colombiano y sectores como el cafetero?
JER A muchos campesinos les han dado tierra, pero el Estado no los está respaldando para que produzcan. Y como se sigue importando comida en cantidades inmensas, los campesinos se están quebrando. Hoy se pueden quebrar los campesinos lecheros, los arroceros e incluso productores empresariales. Esa es la realidad.
En el caso de los cafeteros, lo que hubo fue una bonanza internacional. Sí, Petro tuvo ese golpe de suerte, pero no puede cobrarlo como si fuera resultado de su gestión, porque no ha promovido políticas para aumentar la producción de café. Ese es un debate que yo he dado con él y con los gobiernos anteriores. Un país no puede funcionar bien con un capitalismo tan débil y tan precario. Petro se concentra mucho en la distracción, pero incluso ahí termina cometiendo errores gravísimos.
Lado B. ¿Por qué critica con tanta fuerza la reforma pensional del Gobierno?
JER Porque esa reforma pensional, que en mi opinión responde a una lógica del FMI, termina debilitando el derecho pensional de la juventud colombiana. Ese fue un derecho que el movimiento sindical logró defender durante años, pero ahora resulta que el petrismo y una burocracia sindical petrista terminan jugando de esquiroles y aprobándole a Petro una reforma contra los jóvenes colombianos.
Cuando uno empieza a mirar con cuidado muchas de las decisiones de Petro, encuentra errores demasiado graves. Y este es uno de ellos. A mí me preocupa profundamente que se vendan ciertas reformas como progresistas cuando en realidad afectan a quienes vienen detrás y terminan hipotecando el futuro de una generación.
Lado B. ¿Qué opina del incremento del salario mínimo decretado por el Gobierno?
JER Yo siempre he sido amigo de los trabajadores, de los sindicatos y de los reclamos sindicales. Los he acompañado toda la vida. Pero una cosa es defender mejores salarios y otra actuar sin sensatez. Cuando aparece un incremento de casi el 24 %, y uno ve que el mismo sindicalismo había pedido el 16 %, es válido preguntarse por el rigor de esa decisión. Si los salarios se suben por encima de la capacidad de pago de las empresas, se puede descuadernar a muchas empresas y terminar afectando a los propios trabajadores con pérdida de empleos.
“No me opongo a subirles el ingreso a los trabajadores, pero hay que ser sensatos. Es una decisión de muy alto riesgo, y serán los hechos los que terminen dando el veredicto”.
Ojalá no pase nada grave, de verdad lo digo. Pero somos muchos los que tememos impactos delicados sobre las empresas y, por esa vía, sobre el empleo. Yo creo que el incremento justo debía estar en un punto intermedio entre lo que pedían los empresarios, que era 7 %, y lo que pedían los sindicatos, que era 16 %. No me opongo a subirles el ingreso a los trabajadores; al contrario, eso puede ayudar a que compren más y a que las empresas vendan más. Pero hay que ser sensatos. Si el aumento es demasiado bajo, perjudica al trabajador. Y si es demasiado alto, también puede traer consecuencias complicadas. Es una decisión de muy alto riesgo, y serán los hechos los que terminen dando el veredicto.