Introducción a nuestra cultura e híper-sexualidad occidental

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Cultivar tu cuerpo y tu sexualidad, y sobre todo tu mente. El cuerpo debe ser siempre puesto al servicio de la mente y no al revés, la mente del cuerpo. Pero qué importante es entender que el cuerpo forma parte de nuestra identidad y nos define. Somos definidos desde apreciaciones estéticas de la belleza, esas mismas son las que dominan nuestro sentir, deseo y sexualidad. Una sexualidad demasiado apreciativa y el empeño constante de desgastarnos para cumplir con esos cánones puede desembocar en una enfermedad que no reconocemos pero que está en cada uno de nosotros. Entendemos y pensamos el placer desde el morbo constante de cuerpos y figuras que concebimos atractivas, nuestra sexualidad occidental es rotundamente visual y sobre todos los seres humanos occidentales han llegado a poner la sexualidad y el cuerpo como prioridad para sus vidas. Gimnasios, dietas, salones de belleza, más dietas y ejercicios. Solo salgan a la calle en Bogotá y cuenten cuántos gimnasios ven sobre avenidas principales. Todo este esfuerzo para atraer el placer y la mirada del otro.
Seguramente los griegos que también eran hedonistas reconocieron la importancia de la estética y el cuerpo, sin embargo la tecnología ha puesto en los ojos y la cotidianidad humana imágenes que bombardean nuestra percepción y que constantemente transmiten contenidos e imágenes eróticas. Esto nos ha llevado a tener una vida y mundo hiper-erotizado, lo mismo también tiene claras relaciones con la manera como entendemos, nos relacionamos, deseamos y nos representamos ante el mundo como seres y figuras que deben atraer, encarnar el deseo y provocarlo en los otros.
Este tipo de conducta social no puede ser exhibida en este artículo solamente como un tabú. Sin embargo debemos ser sinceros en torno a que no existe un tipo de sexualidad que deba llamarse natural, ya que la sexualidad en su misma naturaleza está llena de reglas, roles y atribuciones sociales que de alguna manera organizan al hombre, sus dinámicas, comportamientos, pensamientos, idealizaciones, percepciones, dogmas y reglas en torno a ella, lo mismo está definido desde una cultura en particular.  No obstante, siendo objetivos, no existe nada que venda más que el sexo o el amor en nuestras sociedad. En tal caso entendemos que el sexo no es lo mismo que el amor, sin embargo está íntimamente ligado con la representaciones que tenemos del mismo. Por ejemplo, para que exista una nueva vida en la tierra debe practicarse el sexo, y es que el sexo como acción solitaria de auto-placer puede tener a su vez muchos significados que expresan nuestra relación con la vida, con las personas o con las fantasías que adornan nuestra existencia . Existe el ingenuo amor hacia los animales, hacia la vida, hacia la familia o hacia la naturaleza. Sin embargo, el amor romántico de pareja debe involucrar los deseos sexuales y su expresión impone que durante nuestros años de vida fértil o mientras esté en nuestra capacidad y deseo proyectemos esa parte de nosotros que está totalmente arraigada a la experiencia material y terrenal de ser nosotros figuras y objetos de deseo.
Este pequeño texto introductorio sobre el estado actual de la sexualidad en nuestra cultura solo tiene la intención de acercarnos a entender de qué forma por medio de nuestras interacciones sociales, de comunicación y de tecnología, se están gestando las dinámicas de construcción de identidades, estereotipos, conductas sociales así como como representaciones digitales de una sexualidad, que así queramos o no, todos compartimos y estamos retro-alimentando constantemente como cultura.
Autor: SK

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