La salud mental, un paso para lograr la paz y la reconciliación

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En Colombia se registran más de 9 millones de víctimas del conflicto armado. El 70% de las víctimas está concentrado en Bogotá y los departamentos de Antioquia, Valle del Cauca, Nariño, Bolívar, Cesar, Magdalena, Sucre, Cauca, Norte de Santander y Santander.

 

La salud mental de las víctimas del conflicto armado no puede pasarse por alto, porque es indispensable para lograr la paz y la reconciliación en Colombia. Esta fue una de las principales conclusiones a la que se llegó durante el Foro Nacional “Salud Mental y Bienestar Social: Herramientas para la Paz en Colombia”, organizado por el Programa Hilando Vidas y Esperanza de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), implementado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y Colombia +20.

A través de un intercambio de experiencias nacionales e internacionales, fue posible compartir herramientas para mejorar y promover el abordaje de la salud mental en los territorios afectados por la violencia. Así como reflexionar en torno a este tema y posicionarlo como prioritario en la agenda nacional y de política pública.

 

 

Durante su intervención, Camila Gómez, Consejera Principal de USAID en Colombia, sostuvo que la paz debe tener, como lo hizo acertadamente el acuerdo de paz de 2016, a las víctimas y sobrevivientes del conflicto en su centro. “Nuestras acciones comienzan con la restauración de los tejidos sociales que rompió el conflicto, y continúan en conversaciones como estas donde abordamos los retos, pero también las posibilidades de trabajar por la salud mental como un paso esencial hacia la reconciliación”.

Según el Registro Único de Víctimas, más de 9 millones de personas han sido reconocidas como víctimas del conflicto armado y más de 700 como sujetos de reparación colectiva. Más del 70% de las víctimas está concentrado en Bogotá y los departamentos de Antioquia, Valle del Cauca, Nariño, Bolívar, Cesar, Magdalena, Sucre, Cauca, Norte de Santander y Santander.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), menos del 50% de las personas que padecen un trastorno mental como consecuencia de alguna afectación en el marco del conflicto, solicitan atención o apoyo psicológico para sobrellevarlo. Siendo la falta de recursos, la desconfianza y el desconocimiento algunas de las causas, reportándose una situación más aguda en las zonas rurales.

“Muchas veces obviamos la importancia de la salud mental porque a veces parece que no se ven estas heridas. Sin embargo, estos efectos son notables, especialmente cuando esta violencia y estos impactos para la salud mental tiene que ver con la salud de los niños, las niñas y las mujeres de las personas mayores, de los grupos étnicos; ahí es cuando notamos un impacto más sustancial de la violencia en la salud mental de estas personas”, sostuvo Salvador Gutiérrez, director de programas de paz de la OIM.

Los trastornos de ansiedad, los sentimientos de angustia, depresión e infelicidad, los trastornos neuróticos y el estrés, son los más frecuentes en la población que ha vivido un evento traumático relacionado con el conflicto armado.

Otra de las conclusiones a las que se llegó en el evento, es que esta población no solo necesita atención psicosocial, es importante garantizarles una vida digna, ingresos básicos para la subsistencia y protección social, ya que todas estas variables confluyen para reconstruir las relaciones comunitarias y el tejido social afectado por la violencia.

 

 

Para Claudia Tovar, delegada del Colegio Colombiano de Psicólogos, la sociedad en general también está afectada psicosocialmente y eso no se ha medido ni reconocido, y estas son afectaciones que generan barreras para la paz. “Tenemos que ampliar la mirada sobre lo tradicionalmente se ha considerado salud mental. Tenemos que ocuparnos de los aspectos psicosociales en un país afectado por el conflicto armado, no solamente por las afectaciones que el propio conflicto nos ha dejado, primero que todo por supuesto en las víctimas directas pero también en el conjunto de la sociedad”, expresó.

Por su parte, Nubia Bautista, subdirectora de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud, indicó que “la salud mental es importante porque es hablar no solo de estas capacidades individuales, de estas posibilidades que tenemos de desplegar recursos en lo cotidiano para afrontar los distintos retos de la vida cotidiana, retos tan complejos como los que plantea el vivir el conflicto armado y todas aquellas cuestiones que suceden fuera y dentro de los hogares y en las comunidades, sino que también es hablar del desarrollo humano, es hablar de desarrollo inclusivo, es hablar de cuestiones tan importantes como la movilización social”.

Finalmente, Gerardo Montenegro, director Ejecutivo del Comité de Cafeteros del Cauca, resaltó que “el tema de salud mental para mí es un tema de seguridad nacional (…) Realmente se le debe dar toda la importancia, toda la trascendencia de cómo tratar todas estas secuelas que el conflicto ha dejado. Así que deberíamos comprometernos todos con mucha más fuerza, con muchos más recursos, con mucha más decisión, para poder hacer que la gente vea una nueva esperanza y una nueva forma de abordar esta situación”.


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