7:48 pm.     12 abril, 2021

¿Tiene verdaderos representantes el feminismo en Colombia?

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El feminismo, una herramienta para comprender la construcción de roles de género y su relación con los estereotipos de belleza, cánones estéticos y la discriminación social desde una perspectiva cultural.

El patriarcado y la hegemonía de su pensamiento ha construido no solo los roles de género sino también los cánones estéticos y estereotipos de belleza que gobiernan, definen e influencian la percepción y conducta social y cultural de sociedades occidentales, para este caso en específico nos centramos en sociedades latinoamericanas.

 

El feminismo en su lucha por deconstruir muchas de las conductas estructurales hegemónicas y machistas, permite también reflexionar acerca de la construcción de roles de género y estereotipos de belleza que han influenciado y definen la percepción cultural, social y sexual de nuestras sociedades.

 

Desde una perspectiva cultural abordar el feminismo actualmente permite también incorporar otras relaciones de dominación estructural donde a su vez se definen dinámicas de discriminación social, racial o étnica. El feminismo también es fundamental para visibilizar la violencia en el lenguaje y por medio de las imágenes y para estudiar los productos culturales que han sido transmitidos históricamente por los medios de comunicación, como la televisión y el cine y que han influenciado y definido muchas de las definiciones culturales y dinámicas sociales que han perpetuado y sopesan el sistema hegemónico machista.

 

En definitiva abordar desde una perspectiva feminista la reflexión crítica de las relaciones y estructuras de tipo cultural y social del sistema patriarcal permite reflexionar acerca de los valores, estereotipos de belleza, estilos de vida, privilegios de género y sociales, racismo, discriminación social y colonización cultural que define las sociedades latinoamericanas.

 

En Colombia hay algunas feministas que ya gozan de reconocimiento y presumen de su posición intelectual o mediática para erigirse como las voces más ponderadas de este movimiento. Es el caso de Carolina Sanín, que goza de un séquito de seguidores que no cuestionan las ideas y trinos de la escritora. Y es que esa es la audiencia que ella ha querido construir, pues quien se pase de listo o logre llevar el debate a terreno intelectual, lográndola poner en aprietos, rápidamente resulta bloqueado por Carolina. Sería interesante saber cuántas personas tiene bloqueadas Carolina, pienso que ella y Luis Carlos Vélez se pelean ese lugar primer lugar en Colombia. Pero no voy a darle más de un páragrafo de mi artículo a la Sanín, no quiero seguir el ejemplo de quienes la vuelven tendencia día a día en redes.

 

Existe otro feminismo, también de corte intelectual y periodístico, el de Claudia Palacios. Aunque Claudia maneja otro tipo de perfil, no tiene la misma violencia intelectual de Sanín y tampoco presume tanto de su capital cultural. Bueno volví a nombrar a Carolina, es que en este país es imposible hablar de feminismo sin nombrarla. Claudia Palacios se mueve en otras esferas del feminismo, y parece que lo aborda desde un criterio más pedagógico. Digamos que su feminismo es más para mujeres casadas y que viven dentro de la estructura patriarcal, el de la Sanín es una agitación a la rebeldía puberta femenina. Ella es la Courtney Love del feminismo, que no tiene pelos en la lengua y sabe representar lo que estas chicas desean admirar. Distinguen entre corrientes como feminismo radical, feminismo artesanal, feminismo blanco, feminismo popular y muchas otras vertientes. De esas vertientes del feminismo me parece interesante debatir sobre el feminismo blanco.

 

Este feminismo trata de que las mujeres cuestionen su posición social y se den cuenta de sus privilegios. Bien sabemos que muchas de estas señoritas han crecido en hogares de clase media, algunas posiblemente provienen de clase alta. La emancipación de género llega tocando a su puerta como le llega a cualquier chico ligeramente intelectual el libro “Zaratustra” de Nietzsche. Desde entonces comienza una constante reflexión por visibilizar todas las estructuras de dominación en las que están inmersas. “El hombre y el patriarcado son la razón de ser de todos los males de nuestras sociedades”-pregonan en coro.

 

El feminismo blanco se le considera racista, ya que sin querer queriendo este surge en las clases sociales más altas, quienes debido a su educación y capital cultural, profieren reflexiones acerca de estructuras sociales machistas constantemente. Lo único que a veces pasa desapercibido son aquellos privilegios que estas mujeres de clase media o alta también gozan. Por ejemplo el tener una empleada de servicio en la casa, sin darse cuenta, es algo que perpetúa la estructura de dominación. Al feminismo blanco se le acusa; de poner por encima de otras luchas como las de raza, su lucha por reivindicar constantemente el género. Es por ello que también existen grupos feministas bastante fuertes como afrofeminas, que se especializa en una lucha que subyace desde el género y la raza, es decir, lo más profundo de la reivindicación y lucha social.

 

Hace poco Margarita Rosa de Francisco respondió un tweet mío donde yo le preguntaba a ella y a Ángela María Robledo, si tenían empleadas del servicio. Este trino surgió ya que me pareció tan irónico lo que mencionó la Congresista sobre su experiencia junto a Gustavo Petro, reivindicando su posición de feminista expresó que en la Colombia Humana no existe espacio para la mujer. Fue en ese momento cuando pude en mi mente imaginar el apartamento de la congresista, donde seguramente tiene alguna mujer trabajando para ella y reproduciendo la estructura de dominación social. Pero esto da para un debate largo. Margarita Rosa por su parte mencionó que como ya había dicho en un trino cuando comenzó la pandemia, ella ahora se encarga de lavar el inodoro, reivindicando el valor por el trabajo de la limpieza.

 

Entre las feministas también se regañan, por ejemplo Florence Thomas en estos días, le dijo en pocas palabras, por medio de un trino a Carolina Sanín, que “dejara de joder a las feministas”. Parece que para Thomas “la Sanín” tiene acaparada toda la atención que merece el movimiento, y seguramente no comulga con alguna postura excéntrica que ha mostrado la escritora.

Por último podría quedarme escribiendo bastante sobre feminismo, reproducción social, y algunos otros fundamentos sociológicos creados por el dios de la sociología, Pierre Bourdieu, donde se develarían las conductas privilegiadas de este feminismo intelectual de tablero. Sin embargo esperaré la crítica para dar mi segundo ataque. Ha sido un gusto y los espero en la próxima tertulia.

 

Samuel Kaputt

 

 

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