BUSCANDO CREATIVIDAD EN PLAYAS ÁRIDAS A PLENA TARDE

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Por San Piter

En Barrancabermeja, existen aproximadamente, según cifras del censo en el sector cultura, 412 personas dedicadas al oficio de la creación y promoción de la actividad artística y cultural, en las modalidades de música, danza, teatro, literatura y artes plásticas. Esta cifra puede variar, aumenta, teniendo en cuenta que personas dedicadas a diferentes expresiones estéticas, poco creen en la funcionalidad de un censo en un sector que en promedio funciona tres meses al año, o quizás un poco más, en completa vulnerabilidad de los derechos laborales del sector. Desde recibir un salario menor al que se firma por contrato, hasta desempeñarse en condiciones precarias, sin el mínimo apoyo por parte de los proyectos ofertados por el municipio.

Existe una relación directa entre la lógica de mercado en el ámbito cultural, y la baja productividad en materia de obras artísticas. Esa lógica de mercado pretende imponer la cultura como una mercancía en constante oferta, según explica la economía naranja, con la financiación a la presunta iniciativa privada desde los emprendimientos, empresas y más fantasioso aún, industria artística o de entretenimiento. Nada más alejado de la realidad. Cómo impulsar una iniciativa privada a escala empresarial o industrial, si ni siquiera existe una política pública que exponga a la infancia y adolescencia ante experiencias estéticas de las artes. No hay la posibilidad de construir fuerza productiva creativa si no hay público sensible, y si no existe una niñez sensible, qué se puede esperar en sus entornos familiares:

Violencia.

Y es que la violencia es otro indicador que demuestra porqué Barrancabermeja y su área rural somos tan poco creativos en materia de arte y cultura, y, en consecuencia, quienes se desempeñan en el ámbito cultural tienen tan precarias condiciones laborales. Los niños viven en escenarios familiares profundamente violentos, agredidos física y psicológicamente en culturas familiares de impunidad hacia los victimarios. Estas dinámicas en los escenarios familiares tienen clara influencia de un modelo económico excluyente, depredador, que impide el arraigo y la construcción de identidad, porque como dicta la lógica de mercado neoliberal, todo es una competencia, que traducida al plano cotidiano, competencia desleal, carnicera, sin principios, y obviamente, distanciada de la justicia social. Es decir, que si la economía doméstica en total incertidumbre, no está sustentada sobre un buen sistema de salud, salarios dignos, contrato laboral, seguridad alimentaria, acceso a pensión, vivienda digna, las relaciones familiares, mediadas por esa lógica de competencia desleal que impone la economía neoliberal, llegan a niveles de violencia que hoy, silenciosamente Barrancabermeja y si se quiere, la región del Magdalena Medio, padecen.

De ahí que exista poco apoyo, aún con marcos normativos que facultan al municipio para destinar parte de sus recursos a la construcción de un aparato cultural productivo, las sucesivas administraciones municipales se quedan empantanadas, incapaces de sacar adelante un plan decenal de cultura, y lo poco que logra arañarse del erario se va por las alcantarillas de la corrupción. Y la situación se degrada aún más, cuando se tiene la idea errada, de que primero va la iniciativa privada en materia de arte y cultura, sin una educación que sensibilice en las artes, a esos niños, muchos violentados, y que después se convierten en jóvenes victimarios sin proyecto de vida, agredidos por la familia, por el sistema educativo, por la comunidad, sin la posibilidad de construir fuertes vínculos afectivos.
Por eso, en la acción política organizada de los trabajadores de la cultura de Barrancabermeja y el magdalena medio, son esos niños y jóvenes, expuestos al goce estético profundamente humanizado de las artes, los llamados a sensibilizar, empoderados de sus derechos y deberes, a esas familias que jamás tuvieron la posibilidad de acariciar un piano con manos capaces de elaborar un discurso sonoro, o perderse en la inmensidad de aquel verso poético que deja perpleja la existencia, o el trazo de color y forma sobre una superficie que permite ver más allá de lo cotidiano, o ese poema en movimiento que puede ser el teatro cuando sólo necesita espacio para dejarlo ser.

Dignificar las condiciones laborales de los trabajadores de la cultura implica un ambicioso trabajo macro, con infraestructura, casas culturales bien dotadas con lo necesario para que las modalidades artísticas funcionen en toda su intensidad creativa con continuidad laboral y todas las garantías, articulada al sistema educativo, para humanizarlo, y que deje de ser esos centros policiales de persecución a la niñez y la juventud, y con un poderoso componente psicosocial que haciendo el trabajo comunitario, caracteriza y acuerda con las comunidades la apertura de espacios para que la apreciación artística sea tan importante que sea capaz de transformar las vidas y las realidades, entonces abran niños y jóvenes más optimistas ante la vida, familias más expresivas y menos violentas, y un público pensante que abandona la frivolidad, el alcoholismo, y comprende las cuestiones esenciales de la existencia de la especie humana en sus ecosistemas; para que la vida sea goce, sabrosura, ese bembé, ese vacile efectivo, como dirían en las verbenas cuando las comunidades se ponen de acuerdo, y los cuerpos se extravían bailando en una sola baldosa.

 

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