JOAN MANUEL SERRAT, EN LA ERA DEL VACÍO

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Por: LUCERO MARTÍNEZ KASAB. Magíster en filosofía.

Se va de los escenarios este poeta cantor, lo que tanto temíamos, lo que se veía tan lejano está sucediendo: que a Serrat le han caído los años y nosotros vamos detrás más desamparados aún en esta era del vacío. Asomada al balcón mirando el mar Caribe respiro hondo para pasar el primer trago de tristeza por esta noticia acordándome del mar de Serrat, el Mediterráneo.

El mar al que él le canta con tanto amor como a una mujer ¨perfumadita de brea, que se añora y que se quiere, que se conoce y se teme¨. Solo una voz como la suya y ese sentimiento al pronunciar las letras que más que cantadas son habladas con un amor tan expresado como contenido en su garganta; la que nos conmueve y nos hace vivir su nostalgia por el Mediterráneo dando la vida a tantos pueblos desde Estambul en Turquía hasta Algeciras en España.

Su voz quebrada sin mayores virtudes dentro de la exigencia del arte del canto, pero, poéticamente fina, estremecedoramente suave acompañada de su guitarra y las más hermosas letras de los bardos españoles para cantarle al mar, a la niñez y al amor que son indivisibles como significados de felicidad ¨quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya y, amontonado a tu arena guardo amor, juegos y penas…¨.

Cuando en el mundo sonaba aquella canción de los Beatles, Let it be, en los años 70 con una letra que se podía adaptar a cualquier situación de la vida, Joan Manuel Serrat escoge un dolor específico, un poema desgarrador del español Miguel Hernández para cantarlo también por el mundo con la más profunda devoción, nada más ni nada menos que Elegía a Ramón Sijé, que es el lamento del poeta ante la muerte de su amigo, precedida de una dedicatoria inolvidable ¨(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé a quien tanto quería). Yo quiero ser llorando el hortelano/ de la tierra que ocupas y estercolas,/ compañero del alma, tan temprano…daré tu corazón por alimento/ tanto dolor se agrupa a mi costado/ que por doler me duele hasta el aliento/ Un manotazo duro/ un golpe helado/ un hachazo invisible y homicida / un empujón brutal te ha derribado… y canta los más hermosos versos de todos los escritos para un amigo ¨quiero escarbar la tierra con los dientes,/ quiero apartar la tierra parte a parte/ a dentelladas secas y calientes/ quiero minar la tierra hasta encontrarte/ y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte…,que tenemos que hablar de muchas cosas/ compañero del alma, compañero. De pie ante un micrófono, Serrat, vestido de manera casual, el teatro a oscuras con las notas dóciles de un piano y los acordes de dos guitarras una leve luz alumbra su rostro sereno y joven de ojos, cejas y cabellos negros, su cuerpo delgado, su voz poco a poco va recitando el poema sin apenas mover las manos mientras van saliendo del corazón sus falsetes flamencos expresando la más dolorosa desventura. Y lo que podría ser una presentación afectada es la más sencilla desnudez del sentimiento.

Joan Manuel esparció por los aires los poemas de Manuel Hernández, el escritor perseguido por ser comunista en la España de Franco que lo apresó, lo enfermó y lo dejó morir en la cárcel de tuberculosis. Serrat canta de él una canción de cuna, ¿qué joven lo haría hoy en día? El poeta se hallaba preso cuando recibe una carta de su esposa diciéndole que no tenía con qué alimentar a su pequeño hijo, que solo tenía pan y cebolla y, ¿qué tenía Manuel Hernández para darles? Sobre un papel cualquiera le envía a su hijo todo lo que tenía, una canción de cuna, la más bella, Nana de las cebollas, que Serrat canta con su pelo negro largo en auditorios repletos en medio de una solemnidad de templo por lo que en esa canción se nombra un niño con hambre, una madre sola, un padre condenado a muerte ¨La cebolla es escarcha/ cerrada y pobre/ escarcha de tus días/ y de mis noches/ hambre y cebolla/ hielo negro y escarcha/ grande y redonda /en la cuna del hambre mi niño estaba…

En este mundo prosaico y frío; mercantilista e interesado; individualista y hedonista que con la inteligencia artificial está creando la extinción del sentimiento creyendo todavía que es la razón una gran virtud humana, Joan Manuel le canta a la libertad con libertad, al amor con amor, a la ternura con ternura con sus ojos limpios mirando a lo lejos del escenario extendiendo sus manos imprecisas a sus veinticinco años, hermoso en su juventud sabe lo que pagan los jóvenes en el mundo en busca de la libertad ¨Para la libertad, sangro, lucho, pervivo/ para la libertad, mis ojos y mis manos/ como un árbol carnal/ generoso y cautivo doy a los cirujanos… Y, de Antonio Machado, tal vez los versos más ciertos para todo aquel que en el mundo en algún momento, busca su destino: Caminante, sus tus huellas el camino y nada más/ caminante, no hay camino: se hace camino al andar/… golpe a golpe/ verso a verso….

Vengo a darte mis gracias y las de mi pandilla de juventud porque nos salvaste del vacío, tanto, que nunca jamás después de aquellos años donde nos prendimos de ti náufragos de la vida volvimos a buscar tu voz porque, todos la guardamos como algo sagrado en un rincón del alma. Hoy, vuelto a ti, Joan Manuel Serrat, para decirte que yo amo como tú los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles; tu nombre me sabe al mar que se estrella en las rocas de Cañaveral; tu nombre me sabe a risas de las noches con estrellas; tu nombre lo llevo en la memoria de los versos que nunca se han de acabar. luceromartinezkasab@hotmail.com

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