El síndrome Marbelle

Marbelle

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Pensemos en el “síndrome Marbelle”, enfermedad de la modernidad, heredada del capitalismo, que muchos colombianos padecen con alegría trágica; el cuadro clínico comienza una vez se han  recibido las migajas del afecto de la publicidad, tan solo una mirada de la élite basta, para dar sentido a su existencia.
Las castas poderosas, en esos estados de arrobamiento de inclusión; ríen y cantan canciones de letras compuestas por el patriarcado, ellos tan prístinos, en el lujo de las noches donde la borrachera los inunda de sensiblería social, (no hay como el contacto con el populacho), para los contagiados con el síndrome, son señales, signos suficientes para quedar  convencidos de haber sido recibidos, aceptados.
A partir de esa bendición mágica,  todo en ellos cambia, adios a toda naturalidad, el andar, en la forma de sentarse,  ya hay un toque de distinción, ha aceptado el sello de la alcurnia; el desprecio por el otro.
Recuerdos arrinconados dolorosos, que han determinado la construcción de un nuevo cuerpo, un cuerpo social idealizado, la cirugía plástica ha hecho lo suyo, la mirada logra altivez, el abdomen abultado gracias a la dieta de la pobreza, ahora es rectilíneo, las curvaturas que nunca se han tenido, son creadas, el lenguaje de las ofensas con el cual fueron agredidos en la niñez y la adolescencia, ahora lo instrumentaliza, en identificación con su verdugo, de ser abusados ahora somos los que abusamos.
Todo se alinea, para reafirmar la fantasía de ser de clase, el origen se borra, las miserias del alma se avivan, el monstruo de la ambición muestra sus fauces y las sombras de nuestro ser se apoderan de todo.
Esto es válido para otros de nuestros idolos; el Tino Asprilla ahora es blanco y habla como los uribistas suelen hablar, y monta con el mismo estilo las yeguas como lo hace Matarife.
El síndrome Marbelle: también lo padecen los que se autodenominan “gente de bien”, endeudados hasta el cogote, fatasean estar en el reino de los poderosos y actúan como ellos lo hacen con los serviles militares, los policías, el Esmad, les dan órdenes de borramiento, y ellos fieles a esos dictados lo intentan con nuestros ancestros abaleándolos.
La clase media emergente no quiere volver a su pasado y es comprensible, lo que es difícil de digerir es su traición a sus vecinos del antiguo barrio, ahora les gritan; “que todo lo quieren regalado”, “estudien vagos” para salir adelante como ellos lo han hecho y eso también les da un toque de distinción, de la lógica concreta de la derecha.
La muerte de nuestro querido Fredy Rincón, su toque de distinción fue la inmortalidad, sensación que da el poder del dinero, estar por encima de la ley, la transgresión de la norma, (incluye las del tránsito), la burla de la justicia, “ahora que termine mi periodo de la presidencia quiero ser presidente de la corte suprema de justicia”, el parrandón vallenato, el rumbear con los Ñeñes y las Ñeñas,  si yo soy como ellos, porque yo no.
Este síndrome no tiene cura, la muerte en vida, la soledad del auditorio vacío, “usted no sabe quien soy yo” es su desenlace, enfermedad que se torna crónica, progresiva y deteriorante, como una demencia de la pantomima.
¿Como prevenirla?
Las pautas nos la dan nuestros líderes sociales, nuestra vicepresidente; Francia Marquez quien respeta sus ancestros, que de su pasado se fortalece y piensa en los que se han quedado a la vera de su río.
A este grupo de seres excepcionales, vacunados y resistentes a recibir las migajas de la élite, entonces se les denominan “resentidos sociales”, porque a diferencia de los enfermos no se tragaron el cuento del igualamiento.
Autor: Juan Carlos Rojas F.

3 pensamientos sobre “El síndrome Marbelle

  1. La mejor descripción que he leído de la gente de bien, conozco más de uno que eran, o son de estrato 3, estudiaron en escuelas públicas, se graduaron de universidades públicas, y ahora les caen gordos los pobres con los que se criaron.

  2. Excelente. Me atrevería sin duda alguna a expresar que conozco mucha gente así, clasistas hasta los tuétanos, visten a su empleada con uniforme estampado y de colores pasteles mientras las ” patronas” van con su esposo adelante pavoneàndose porque sus empleadas domésticas se encargan de llevar a sus hijos. Y lo peor, al pasar otra mujer por su lado la miran con desprecio como si les fuera arrebatar su marido, su buena vida. Dan pesar estás personas. Su escasa inteligencia no sobrepasa su miseria para reconocer que los único que nos diferencia es la cantidad de dinero en los bolsillos porque para tener buenas personas más allá de un buen plantel educativo, solo necesitamos un buen ejemplo de ello de parte de nuestros padres.

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